La ira de los padres


La ira mal manejada es una de las cosas que más afectan a la relación padres e hijos. Cuando los padres se enfadan, los sentimientos se agolpan en el interior y salen por la boca “verdaderas serpientes que acaban asustando a nuestros hijos, hiriéndoles en el alma y destrozando nuestro prestigio”, afirma la experta.

 


Según Elena Roger, uno de los principales peligros de cuando la ira invade el corazón del padre o de la madre es “traspasarles toda nuestra basura emocional con palabras de recriminación exageradas y fuera de lugar”.


Pero la experta avisa que este hecho es “prácticamente instintivo”. El cansancio, el estrés, la impotencia, las dificultades económicas o la propia limitación para manejar el comportamiento de los hijos, “nos convierten en una bomba de relojería”.

 

A pesar de que los padres saben que desahogarse de este modo conduce al abatimiento, al rencor y al arrepentimiento posterior, suelen caer en ello y en ocasiones hasta les sorprende "la magnitud de nuestra ira”, afirma Roger. 

 

Consejos para manejar la ira cuando aparece

Elena Roger desgrana una serie de consejos dirigido a los progenitores ante la inminencia de un ataque de ira:

Transforma la ira en necesidades y sentimientos. En lugar de culpar a tus hijos céntrate en ti.

No les hagas responsables de tu ira. Ellos son responsables de su comportamiento pero no de tus sentimientos. Puedes corregirlos con cariño y disciplina o puedes perder los estribos y desencadenar toda tu ira. Eso lo eliges tú, no ellos. Si les haces responsables de tus sentimientos, les da a entender que ellos gobiernan tus emociones, depositando sobre sus espaldas una carga que no es la suya y dándoles un poder que a la larga puede ser contraproducente para ti.

 

Hazte una pregunta, solo una, cuando estés a punto de perder el control: ¿Qué va a aprender mi hijo con mi reacción desmesurada? Lo que aprenda hoy con tu manejo de la ira es lo que aplicará posteriormente cuando la sienta también, incluso contra ti. Esto te ayudará a expresar tu ira de una manera menos reactiva.

 

Revisa tus expectativas. Hay que exigir pero de manera proporcional a sus capacidades. Si las sobrepasas estarás constantemente defraudado e insatisfecho, siendo más fácil sentir rabia e ira. 

 

Aléjate de tu hijo. Así de sencillo. Cuando notas que se te acelera el corazón y se te retuerce el estómago es el momento de no decir ni una palabra más y alejarte de él: Me voy a mi habitación; cuando me haya tranquilizado un poco hablaremos de lo que ha ocurrido aquí. 

 

Analiza el motivo principal de tu ira. ¿Te enfadas porque tu hijo se va al colegio sin hacer su cama o porque estás desbordado de trabajo, porque no recibes la ayuda que esperabas de tu pareja, etc? A veces, junto a nuestra ira, conviven otros sentimientos de soledad, abandono, incapacidad o rencor que no se arreglan desahogando la ira con tu hijo sino siendo consciente de ello y trabajando de manera personal. 

 

Y si has explotado, nunca es tarde para pedir perdón. “Sigo muy enfadado por lo que has hecho pero reconozco que podría habértelo dicho de otra manera. Lo siento. Intentaré que no se repita”.

 

Extraído de: http://www.teinteresa.es/familia/ira-padres-bomba-relojeria-hijos_0_998901000.html

Autora: Elena Roger


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Itxaso Serrano González. Psicóloga en San Sebastián de los Reyes,Madrid